Muy común es hacer recuentos de lo que hicimos o dejamos de hacer en el año; yo sólo puedo contar que perdí mucho en éste que pasa y casi termina. Me quedé fría cuando se fue a la basura el trabajo de años que tenía papá, mamá comenzó a abandonar su vida social, la casa se llenó nuevamente de habitantes gracias a que mis hermanos volvieron al nido y eso implicó perder mi cuarto. Lola murió, se esfumó de este mundo para ir a una mejor dimensión...al menos eso creo y tal vez haya sido la más ganona en todo esto. Un auto se descompuso, luego el otro...huí de casa por un mes y volví por falta de dinero entre papás. Corté mi cabello como nunca, cambié de área laboral y perdí la comodidad de dormir hasta las 11 del día. Corrí poco, tomé mucho...ahora sí mucho, salí a fiestas, perdí tiempo en recuperar la energía.
Hice mucho, o en realidad sólo hice algo...y perdí demasiado. Y entre todo eso que perdí gané tres cosas valiosísimas: encontré el amor, enfrenté uno de mis miedos y entendí lo que es el desapego.
Mi recuento se resume en uno, dos, tres. Bueno, que ya venga el otro año. Adiós a todo lo que trajo el 2011...a recibir y crear lo que el 12 tenga siniestramente calculado.
martes, 27 de diciembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
Sin dormir
Sin ganas de ir a dormir. Hace tiempo que esto no pasaba, hace tantas noches que no consumía los minutos en escribir o estar mirando el techo llenándolo con mis ideas. Toda yo cansada con el cuerpo buscando desconectarse, mi mente que na´más no me deja cerrar los ojos. Quiero detener el paso de las horas para que no amanezca y tenga que largarme a trabajar un día más; quiero que se congele la noche acorde a mis deseos y que nada me haga sentir frío, o calor, o angustia porque ya es tarde. Todo quieto, en silencio, en paz...para que siga despierta entre la oscuridad.
No quiero cumplir mi horario de sueño, hoy no...sólo quiero pensar, escribir, imaginar, respirar, pero no dormir.
No quiero cumplir mi horario de sueño, hoy no...sólo quiero pensar, escribir, imaginar, respirar, pero no dormir.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Vecinos
Tengo un par de vecinos nuevos. No conozco sus nombres, en realidad no me importa saberlo. Sólo me divierto observándolos por la ventana de mi oficina. Habitan el cuarto piso del edificio de enfrente y cada día se avientan al sillón de lo que parece ser la sala para ver televisión. Desde las siete de la noche se postran libremente y sin culpa alguna frente a la pantalla, a lo mejor ven una serie estilo Doctor House...o tal vez la comedia de las 8, las 9 y las 10... En verdad no parecen tener problema alguno en gastar cuatro horas (que son las que permanezco en mi trabajo desde que llegan al sillón) para ver la vida de otros, como lo hago con ellos.
En tanto, yo me la paso trabajando (bueno, hoy no tanto) resolviendo decenas de correos de clientes que están ansiosos por ser el número uno en la lista de atención de peticiones. Miro a los vecinos no sé si con envidia o con desesperación; teniendo ellos todo el tiempo que yo no tengo, y haciendo todo lo que yo no haría: estar aplastada frente al televisor, como ahora mismo frente al monitor...
Me pregunto si llegará el día en que pueda estar del otro lado de la calle, mirando desde el sillón de mi casa cómo en la ventana alguien trabaja hasta muy noche atendiendo decenas de correos.
En tanto, yo me la paso trabajando (bueno, hoy no tanto) resolviendo decenas de correos de clientes que están ansiosos por ser el número uno en la lista de atención de peticiones. Miro a los vecinos no sé si con envidia o con desesperación; teniendo ellos todo el tiempo que yo no tengo, y haciendo todo lo que yo no haría: estar aplastada frente al televisor, como ahora mismo frente al monitor...
Me pregunto si llegará el día en que pueda estar del otro lado de la calle, mirando desde el sillón de mi casa cómo en la ventana alguien trabaja hasta muy noche atendiendo decenas de correos.
domingo, 7 de agosto de 2011
Dar
Antes de llegar al diez se había terminado el número de las personas que realmente estarían para toda la vida. Le bastó con una llamada y tres horas sin dormir por la madrugada para confirmarlo. No sintió tristeza al darse cuenta de ello, se refugió en un suspiro, una sonrisa y la consciencia de estar creciendo. Se puso una idea de tomar las cosas como vienen y en el corazón se plantó la convicción de repartir sin reservas la pasión que le invade.
martes, 12 de julio de 2011
Palabras vs emociones
Mis emociones han comenzado a ser tan fuertes que pareciera como si las palabras no fueran suficientes para poder expresar lo que siento. Yo sé, suena blasfemo reducir la capacidad de las letras.
Es la tristeza la que en ocasiones se apodera de mis piernas, ataca en su andar para trastocarlas con severa lentitud, reprimiéndolas. Es la ira la que impone su voluntad en mis oídos y sólo escucho lo estúpida y patética que puedo ser. Recorre mi vientre y mis ojos estallando en llanto de impotencia. Llega entonces la frustración por dejar todo atrás, en un bote de basura cualquiera se me ocurrió dejar mis sueños...
Llega un grito de hastío de poner en en primer lugar lo que la vida quiere que haga, antes de proponerme a hacer lo que quiero de la vida. Y busco poner en palabras todas las cosas que me hacen hundirme o actuar pésima, todo lo que me odio a veces y culpo por no tener el suficiente valor de no posponer, de estar aquí, en este momento, sintiendo...SINTIENDO. Simplemente fracaso al instante de soñar e iluminar mi día con esa pizca de optimismo que alguien -no sé quién- me había regalado.
Entonces maldigo a las palabras, y culpo a las emociones por ser tan intensas. ¡Carajo! ¡Siempre he gustado de que todo sea intenso! Entro en una especie de reflexión con esa luz y esa voz que grita para apagarla...se da un diálogo entre tres. Todo nuevamente es silencio... Me siento entre feliz y decepcionada, la primera porque han hablado ya por mí las letras, la segunda porque no me ayudan ya a cambiar nada.
Es la tristeza la que en ocasiones se apodera de mis piernas, ataca en su andar para trastocarlas con severa lentitud, reprimiéndolas. Es la ira la que impone su voluntad en mis oídos y sólo escucho lo estúpida y patética que puedo ser. Recorre mi vientre y mis ojos estallando en llanto de impotencia. Llega entonces la frustración por dejar todo atrás, en un bote de basura cualquiera se me ocurrió dejar mis sueños...
Llega un grito de hastío de poner en en primer lugar lo que la vida quiere que haga, antes de proponerme a hacer lo que quiero de la vida. Y busco poner en palabras todas las cosas que me hacen hundirme o actuar pésima, todo lo que me odio a veces y culpo por no tener el suficiente valor de no posponer, de estar aquí, en este momento, sintiendo...SINTIENDO. Simplemente fracaso al instante de soñar e iluminar mi día con esa pizca de optimismo que alguien -no sé quién- me había regalado.
Entonces maldigo a las palabras, y culpo a las emociones por ser tan intensas. ¡Carajo! ¡Siempre he gustado de que todo sea intenso! Entro en una especie de reflexión con esa luz y esa voz que grita para apagarla...se da un diálogo entre tres. Todo nuevamente es silencio... Me siento entre feliz y decepcionada, la primera porque han hablado ya por mí las letras, la segunda porque no me ayudan ya a cambiar nada.
Laberinto
A veces le pido al cielo una buena señal. Tal vez sigo creyendo en la magia que tienen las nubes y las estrellas en los cuentos para niños, por eso busco tanto allá arriba. Otras veces le exijo a mi voluntad que se coloque en la puerta de salida, me tome de la mano y entonces salgamos corriendo juntas sin importar lo que venga. Pero hay momentos en que simplemente cierro los ojos y pido a mi silencio que no me deje dormir, que me ayude a que no se extinga esa pequeña luz que nos une.
Me siento dentro de un laberinto donde la salida simplemente parece no existir. Un atajo me llevó un día hasta él, supuse que regresando podría escaparme…nadie advirtió que no hay marcha atrás. Existen días que corro mucho sin molestarme siquiera en toparme con algún muro, y al otro día se iluminan pasillos que aseguran una ruta confiable al exterior. Después de un rato llego al mismo sitio y platico con las paredes, cae una lágrima y el laberinto desaparece…era sólo una pelusa en mis ojos.
No me emocionan los laberintos, me juegan trampas. Bueno, sí me gustan, me llenan de curiosidad. Es sólo que quiero dejar de asustarme cada vez que me traiciona la maldita idea de no poder salir jamás de ahí.
Me siento dentro de un laberinto donde la salida simplemente parece no existir. Un atajo me llevó un día hasta él, supuse que regresando podría escaparme…nadie advirtió que no hay marcha atrás. Existen días que corro mucho sin molestarme siquiera en toparme con algún muro, y al otro día se iluminan pasillos que aseguran una ruta confiable al exterior. Después de un rato llego al mismo sitio y platico con las paredes, cae una lágrima y el laberinto desaparece…era sólo una pelusa en mis ojos.
No me emocionan los laberintos, me juegan trampas. Bueno, sí me gustan, me llenan de curiosidad. Es sólo que quiero dejar de asustarme cada vez que me traiciona la maldita idea de no poder salir jamás de ahí.
jueves, 14 de abril de 2011
Pero...sí va a terminar, ¿verdad?
Escucho noticias durante ocho horas diarias, sí, ese es mi trabajo. Te topas con toda clase de información que simultáneamente sucede en nuestro país sin que nos percatemos de eso. Los medios anuncian aquello "importante" que pasa en el día, o aquello que pueda dar un panorama "integral" de México, y ese conjunto se complementa con entrevistas a los protagonistas de tales acontecimientos y opiniones de especialistas en el tema, según. Ir al día sobre lo que nuestro país escenifica resulta un tanto agotador cuando el 90% de esas noticias tienen las siguientes palabras:
Muertos, ejecutados, cuerpos, cabezas, cadáveres, asesinos, sicarios, delincuentes, crimen, narco, cártel, inseguridad, delitos, violencia, detenidos, arraigados, corrupción, acusación, policía, ejército, militares, enfrentamiento, homicidios, traficantes, secuestro, levantamiento, golpeados, granadazo...
y la lista sigue.
Muchos comunicadores se postran ante su microfóno o cámara para leer esas líneas que se reproducen por cientos en radio, prensa, televisión, Internet, con la intención de dar al público la información que debe conocer. ¿En verdad quiere alguien saber de todo esto?
No hay obligación de nadie -con excepción de los que estamos en un trabajo que lo exige- tener conocimiento de lo que pasa en las calles de su ciudad, en las partes de su país en donde la pinche nota roja tiene su origen. ¿A quién diablos le da gusto oír y ver imágenes de lo que día a día ya es una realidad? ¿En qué momento se convirtieron todas esas cosas inhumanas en una situación que no causa asombro?
¡Caray! Llevo desde la semana pasada sumando más muertos, más cuerpos, más desaparecidos en una cifra ya imprecisa. Escucho un noticiero, y otro, y uno más que me dice que los estados del norte son la escena perfecta del homicidio, pero en la zona sur hay migrantes secuestrados, en el centro se quejan de inseguridad y para colmo el resto del mundo nos tacha de país corrupto. Y así es todos los días como en un intento de hacernos comprar la idea de que esto jamás cambiará. Tengo miedo, no tanto de los muertos o de los homicidas o de los narcos -ya lo decía, esto dejó en algún momento de causar asombro- sino de que nadie tenga la mísera idea de que esto algún día va a terminar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
